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Principios De La Osteopatía

Principios de la Osteopatía

Los principios de la osteopatía: ése es el objetivo que nos planteamos en este artículo:

1. La estructura gobierna la función:

Con este principio Still nos quiso decir que estructura y función están íntimamente interrelacionadas de forma recíproca. Durante años los médicos han sido conscientes del concepto que si se produce un cambio patológico en la estructura, influirá de forma natural en el modo en que ésta funciona.

Este concepto Still lo llevó al campo no patológico y analizó las consecuencias locales y a distancia. De esta manera, al conocer de manera minuciosa la anatomía del organismo y sus distintas relaciones de una estructura con respecto a la otra, deberíamos poder predecir las consecuencias que surgen cuando una estructura del cuerpo se encuentra desplazada o fuera de su posición normal y los efectos que producen en las estructuras vecinas.

“Con el conocimiento correcto de la forma y función del organismo y todas sus partes, estamos preparados para saber qué supone una variación en un hueso, músculo, ligamento o fibra o en cualquier parte del organismo, desde el átomo más pequeño al hueso o músculo de mayor tamaño».

Mediante nuestros conocimientos mecánicos, precedidos por nuestra formación en anatomía, podemos detectar y ajustar las sustancias duras y blandas del sistema. Por nuestro conocimiento de la fisiología podemos comprender los requisitos de la circulación de los líquidos orgánicos en cuanto a tiempo, velocidad y cantidad, en armonía con las demandas de la vida normal”.

2. La unidad del cuerpo:

Still con este principio nos explica que la estructura y el cuerpo funciona como una unidad siendo regulados por el sistema nervioso con el fin de mantener la homeostasis. A nivel anatómico, puede observarse que la totalidad del cuerpo y sus sistemas están unidos por medio de la fascia, es continua de principio a fin en el organismo.

También podemos observar en la escala funcional, que todas las partes del cuerpo poseen su propia función específica que deben realizar, pero sin embargo todas estas partes actúan como un equipo para mantener el funcionamiento global del cuerpo, a través del sistema neuroendocrino-inmunitario.

Todo ello con el fin de mantener la homeostasis del individuo. En este sistema existe la compensación y adaptación, el cambio en un sistema irá acompañado de la adaptación en el otro para preservar la homeostasis.

3. El organismo cuenta con mecanismos de autorregulación y autocuración:

Como hemos mencionado anteriormente, el cuerpo está en busca constante del equilibrio y la homeostasis activando sus propios mecanismos de autorregulación (presión arterial, ph….). Cuando exista una disfunción, el organismo deberá trabajar más para mantener el equilibrio, sino aparecerá astenia y malestar general entre otros síntomas.

A.T. Still no era partidario del concepto de Pasteur, en el cual la causa principal de la enfermedad se debía al factor patógeno externo que ha penetrado en el organismo; sino más a la teoría o concepto de Antoine Bechamp y Claude Bernard, en el cual los patógenos están prácticamente siempre presentes en el organismo, y por lo tanto, en “el terreno”, aunque los sistemas intrínsecos del cuerpo tiene capacidad de ofrecerles resistencia.

Y sólo se serán patógenos cuando se deteriora la salud del individuo, lo cual podría obedecer a factores estresantes: como disfunciones somáticas, problemas psicológicos o sociales, alimentación deficiente… De esta forma Still nos decía que la enfermedad aparece cuando los factores de intrínsecos y de autorregulación fracasan y el terreno se vuelve más vulnerable. Por lo tanto, para prevenir enfermedad, debemos crear salud, y para crear salud, la estructura del cuerpo debe encontrarse lo más cerca posible de la normalidad.

4. La regla de la arteria suprema:

Con este concepto de Still hemos de entender que si la circulación sanguínea se efectúa de una manera normal, la enfermedad no puede desarrollarse porque nuestra sangre lleva y transporta todos los elementos necesarios para asegurarla inmunidad natural y luchar contra las enfermedades.

La lentificación de la circulación entraña una disminución de la capacidad de defensa de los tejidos mal irrigados y determina, en un primer instante, una alteración funcional, reversible y curable. Pero si esto perdura, se produce una destrucción de los tejidos, es decir, una esclerosis o necrosis, y por tanto será irreversible e incurable.

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